Por aquello de reírse para no llorar, lo más divertido
del 4 de diciembre fue escuchar a Willian Lara desafiando los
límites de la credulidad: ¿qué estaría pasando
_¡Santa Bárbara bendita!_ por la cabeza del ilustre diputado
cuando articulaba en pensamiento y palabra aquello de que la
nueva Asamblea será "pluripartidista" porque "allí
están el MVR, el PPT, Podemos...".
Se entiende la jodienda del señor Lara: debe ser mucho
lo que se goza acumulando poder y más si cada cierto
tiempo tus rivales se encargan de ponerte la mesa en su santo
lugar. Por otra parte, desde el estricto sentido literal,
desde el castellano mesmo, lleva la razón Lara: son varios
los partidos, aunque el pensamiento sea único y la obediencia
norma.
Los pluri tendrán que inventarse algunas variantes
de entretenimiento una vez que aprueben la tanda de leyes
que esperan por el empujón final. Ahora sin el saboteo
de la CIA, de la doble de Varela que atacó al camarada
de Guárico, de los adecos y de toda la pandilla de
oposicionistas abstencionistas, será pan comido levantar
la mano una y otra vez para el correspondiente ejecútese.
¿Y después qué?
Ya Nicolás Maduro hizo su tarea anunciando que
legislarán para que haya Chávez hasta el 2030.
A partir de ahí, habrá que estar atentos al
desarrollo de las técnicas de clonación a
ver si Pdvsa aparta unos millardos para tan vital asunto
y logran legislar de la misma manera hasta el 2060.
Pero eso es el futuro remoto. Lo inmediato es ver qué
diablos se podrá hacer para matar el tiempo, cobrar
completo y agradar al jefe.
Alguno mirará desde la esquina de La Francia
y encontrará que el color ese medio amarillito
de la Asamblea como que no es muy revolucionario.
Y comenzará un buen debate, caliente y peleonero
como en los buenos tiempos, hasta conseguir una solución
representativa como la democracia: se combinarán
los colores según el número de diputados
de cada tolda: rojo, azul, morado...
Otro abogará porque así como hay plaza
Bolívar en cada pueblo, haya al menos un obelisco
Chávez o alguna estatua que homenajee al gran
demiurgo que les sopló el aire de la vida.
Y esto, faltaba más, generará sesiones
de antología para la historia del jalabolismo
revolucionario: que busto no, que mejor es torso;
que si de traje militar, o camisa Scutaro o de traje
Brioni con su Cartier en la muñeca; y luego
de elegir con la señal de costumbre formato
y dimensiones de la obra, se nombrará una subcomisión
encargada de que en cada pueblo haya halcones entrenados
para cazar palomas y evitar que nos estén embarrando
al Comandante.
Alguna parlamentaria postrada de amor propondrá
que ya va siendo hora de que la estampa del prócer
le sonría desde los billetes. Y unos cuantos
la mirarán con espanto: por los momentos
el jefe no ha decidido que es más grande
que el Libertador, así que mejor espere diputada,
no se precipite.
Del debate ideológico de los pluri seguramente
surgirán fisuras: que si el azul es sospechoso,
que si ya Lina se cambió el tinte, que
quién dejó por fuera a Miguel, que
aquel rojo como que le anda pasando chismes
a Bocaranda... y sólo entonces, cuando
comiencen las puñaladas entre los pluris,
se entenderá la verdadera dimensión
de la diabólica estrategia de la oposición
que esperará de nuevo su turno, fumando
y agazapada al pie de la ceiba de San Francisco.
ommedina@eluniversal.com