ROBERTO GIUSTI
EL UNIVERSAL
Las incidencias del caso Henry Falcón, alcalde de Barquisimeto,
han revelado las debilidades y contradicciones del chavismo
a la hora de encarar, no digamos sólo la coyuntura electoral,
sino el replanteamiento de su estrategia, tras la derrota
del 2D.
Un sistema fundamentado en el personalismo, cuya mejor base
de sustentación era un sólido apoyo popular, se
pierde en la confusión, se deja llevar por antiguos reflejos
(luego de casi una década de discrecionalidad) y se extravía
una vez probado el gusto del rechazo popular. Y en eso andan,
aun sin asimilar algo tan básico como la comprensión
de que la estrategia es una siendo mayoría, y otra cuando
estás del lado minoritario.
La criada respondona
Falcón, chavista de excepción porque se labró
un liderazgo sobre la base de su obra de gobierno y eso potencia
sus aspiraciones a la gobernación de Lara, estaba siendo
víctima de la oligarquía chavista primigenia, aquella
que se remonta a los tiempos de los juramentos y de las logias,
conformada por "los originales" dentro de la cual el gobernador,
Reyes Reyes, constituye figura relevante.
Cuando Chávez imparte la orden de congelar candidaturas
y aspiraciones so pena de expulsión del PSUV, estaba
actuando como siempre lo ha hecho y tomando previsiones para
que a la hora de decidir (es decir, él) quiénes
son los candidatos, no hubiera nadie que pudiera aducir un
mejor posicionamiento y, por tanto, mayores oportunidades
de triunfo.
En el caso de Lara estaba claro que se impondría el
derecho de "los originales". Por encima de cualquier otra
consideración, Reyes Reyes descontaría unas cuantas
letras de cambio de su contabilidad particular de lealtad
con Chávez, probablemente su hijo sería ungido por
el dedo imperial y todo eso se desarrollaría sin derecho
a pataleos.
Pero la criada les salió respondona, Falcón decidió
retar el edicto de prohibiciones y se lanzó al ruedo
con todos los hierros. El era el candidato natural, las bases
lo apoyaban e, incluso su nombre no sonaba mal entre indecisos
y votantes no chavistas. Con esa actitud desafiante enviaba
varios mensajes simultáneos: no necesito muletas, el
dedo me es indiferente, puedo ganar sin el apoyo de Chávez
y/o del partido, no me importa la expulsión, la oposición
está interesada en ofrecerme su respaldo y ustedes verán
cómo resuelven el problema.
Pero no sabían cómo resolverlo. El general Müller,
como buen militar y ajustándose a la orden su superior,
acordó la expulsión. Aristóbulo Istúriz,
persuadido de que estaban entregando la gobernación en
bandeja de plata a la oposición o por lo menos a alguien
que había sido echado del redil y por tanto quedaba fuera
de control, hizo privar el sentido común y Falcón
fue expulsado para ser readmitido en menos de 24 horas. Otro
récord para el PSUV.
El replanteo total
El mal, sin embargo, ya estaba hecho y con la rectificación,
que no sólo desautorizaba a Muller, sino al mismísimo
comandante en jefe, el camino se abría para que muchos
otros falcones sigan el ejemplo que Barquisimeto dio. Pero no
sólo se trata de eso, sino de repercusiones aun más
sensibles y profundas: Chávez ya no manda como antes y
alguien con arrestos y buena obra lo obliga a retroceder. El
dedo poderoso del todopoderoso ya no lo es tanto y, por el contrario,
ahora antes que ser garantía de triunfo se convierte en
lastre para los pobres candidatos en un país donde se está
comprendiendo, por fin, que el tamaño de la responsabilidad
del gobernante se equipara con el volumen del poder que acumula.
Por tanto, no va a ocurrir, como antes, que gane hasta un palo
de escoba a quien Chávez le alce la mano. Es menester replantearse
por completo la estrategia, comprender que los suyos suyitos
son la mejor garantía del fracaso, olvidarse de nepotismos
descarados (Barinas), de pagar viejas deudas a "los originales"(Lara),
apoyar a los más sectarios y desprestigiados (Anzoátegui),
solazase con bueyes cansados (Los Andes), darle responsabilidades
a presuntos juristas con insaciables apetito de poder (Yaracuy_
Carabobo) y así sucesivamente.
La rectificación, ofrece, a su vez, problemas nada fáciles
de resolver. Primero, Falcón, como advertíamos al
principio, es la excepción que confirma la regla. La
mayoría de los alcaldes y gobernadores chavistas son
la personificación de la ineficacia y la sumisión
(esta última la regla de oro para medrar con toda impunidad
en los podercitos con el favor del señor).
Pero si quiere evitar la derrota general Chávez tendrá
que buscar, donde no los hay, candidatos populares, respetados
por todos los sectores, de mentalidad abierta y que piensen
con cabeza propia. Algo no sólo indeseable para él
sino casi imposible por incapacidad material para darle corporeidad
a lo que no existe. Por ahí cortejarán a dos rechazados
que cumplen con algunas de esas características y que
por eso son la antítesis del chavismo clásico: Vielma
Mora y el General Rivero. Pero son muy pocos, poquísimos.
Peor el remedio... .
Lo malo de todo esto es que solución termina resultando
peor que el problema y aquí retomamos el caso Falcón.
Muy probablemente éste se convierta en el candidato del
chavismo (ya dijo que no quería nada con la oposición),
pero Chávez sabe que no será un soldadito de plomo
que pueda mover de posición a su antojo. Falcón (luego
de Martínez en Sucre y Bolívar en Aragua) podría
convertirse en un tipo de mandatario, que habiendo estado en
el chavismo, actúa de forma autónoma y soberana, trabaja
con la vista puesta en los electores y no en su señor.
Es decir, un potencial adversario que debilita el proceso revolucionario.
Por eso, porque se siente perdido, la brújula está
enloquecida y no pisa firme, huye hacia delante y ahora piensa
en una Constituyente que pueda bay pasear las elecciones regionales.
Una jugada insensata que puede terminar siendo tan o más
lapidaria que el 23 de noviembre y sus resultados.
rgiusti@eluniversal.com