DANIEL RICARDO HERNÁNDEZ
EL UNIVERSAL
Hist´oricamente las civilizaciones tienden a erigirse
en territorios donde abundan los recursos que facilitan la
vida. Cuando éstos empiezan a agotarse, la migración
de la población es inminente: buscan sitios alternativos
donde el asentarse sea viable, pero suelen verse obligados
a cambiar su estilo de vida y además reducen la disponibilidad
de espacios para subsistir.
A veces esa falta o escasez de recursos está asociada
con factores ambientales. Luis Guillermo Lumbreras, antropólogo
y arqueólogo peruano, recuerda que "hay períodos
en los cuales todos los años se producen eventos como
erupciones volcánicas, terremotos, movimientos tectónicos.
Allí se genera la necesidad (de las poblaciones) de desplazarse
de los centros en los cuales están habituados a vivir.
Eso conlleva la producción de cambios en lo que son sus
hábitos: zonas que eran cultivables, dejan de serlo.
A ello se suma otro factor de carácter hídrico,
que es el tema de las condiciones del clima, en las que hay
cambio en la precipitación y en el acceso al agua. Incluso
hay períodos prolongados de sequía. La consecuencia:
se produce una distorsión gravísima en la población".
Comenta que "arqueológicamente hemos encontrado en el
año 1110, por ejemplo, que la gente vivía de una
agricultura intensiva; había flujo de agua bastante bueno.
Pasaron largos períodos de sequía 30 años después,
y el lugar donde estaba esa gente se convirtió en ruinas,
en poblaciones abandonadas. Se veía gran desorden y pobreza
en general. Abandonaron los sistemas productivos habituales".
Añade que luego se produjo "una convergencia de procesos
tectónicos violentos, erupciones volcánicas, y procesos
hídricos muy violentos, que determinaron procesos similares
de abandono de poblaciones, pero que generó una situación
particular: tensión donde se produjeron las sequías
y en determinadas zonas se produjo imposibilidad de sostenerse,
de sobrevivir. Las poblaciones comenzaron a invadir a otros
territorios y a despojarlos de sus recursos".
Desarrollo avasallante
Lumbreras destaca que las variaciones climáticas actuales
han sido precipitadas por la acción humana, a diferencia
de lo que sucedía siglos atrás cuando provocaban
los grandes movimientos poblacionales y que, eventualmente,
hoy pudieran promover migraciones desde los centros poblados
modernos hacia otros lugares, cada vez más escasos y
menos accesibles para vivir: "Hemos rebasado el punto del
cual podamos considerarlo exclusivamente natural, porque ayudamos
a los demonios que están acelerando los procesos de calentamiento
de la Tierra. Hemos sobresaturado la capacidad de concentración
poblacional. Creamos monstruos de desarrollo socioeconómico
que generan una pobreza estructural que va a ser muy difícil
de revertir, pero que hay que revertir. Una solución
es distender el proceso de crecimiento urbano y generar un
proceso de manejo de la vida rural".
Esos trastornos del clima moderno se manifiestan a través
de lluvias y sequías más extensas, pérdida
súbita de glaciares, entre otros, que incluso podrían
producir migraciones en zonas costeras por posibles inundaciones
o desde centros urbanos por escasez de agua.