CARACAS, domingo 07 de septiembre, 2008 | Actualizado hace
Las primeras denuncias del complejo azucarero Ezequiel Zamora las realizó el propio comandante del 62° regimiento, general Delfín Gómez Parra. La gráfica corresponde a parte de las obras del complejo azucarero (Jorge Santos)
"El socialismo del siglo XXI está naciendo aquí",
sentenció el presidente Chávez desde el Central
Azucarero Ezequiel Zamora, el 20 de marzo de 2005, en tierras
de Barinas. No se trata de una obra más de la revolución,
más que eso es un símbolo de lo que el Presidente
llamaría "la nueva economía liberadora" que precisamente
cobraría vida desde el terruño que lo vio nacer.
Tres años después de aquella reflexión y a
ocho de iniciado el proyecto con varios anuncios de apertura
frustrados, el Presidente desde el mismo central todavía
inconcluso advirtió a los trabajadores que allí
laboran "que no se les meta en la cabeza el demonio del capitalismo".
Pero al parecer la historia que ha acompañado al central
zamorano no ha sido precisamente la del demonio capitalista
sino una muy socialista corrupción. Hasta la fecha se
han invertido 940 millones de bolívares fuertes y los
productores de la zona todavía no tienen dónde colocar
su cosecha. Corrupción, desvío de dinero y mala
administración es lo que la gente de Sabaneta ha presenciado
en lo que sería el central más grande de Latinoamérica.
La historia sin fin
Para la misión de hacer realidad el sueño socialista,
en 2003 el Presidente había designado a Antonio Albarrán
como director del central azucarero, y ratificaría su confianza
al nombrarlo en enero de 2005 ministro de Agricultura y Tierras.
Albarrán se había ganado la amistad de los Chávez
cuando desde su gestión como presidente del Instituto
Nacional de Tierras del estado Barinas propició las invasiones
de tierras al grito zamorano de "tierras y hombres libres".
Emulando a Zamora y con una barba a lo Che Guevara, entraba
a caballo a las fincas invadidas, a la cabeza de decenas de
jinetes con boinas.
Aunque el progreso del proyecto era lento y las fechas de
inauguración se posponían año tras año,
la central zamorana no había sido motivo de escándalos
o atención de los medios informativos.
Eso fue así hasta que en febrero de 2004 el comandante
del 62° regimiento de ingenieros, unidad militar que
tenía a cargo la construcción de las obras para
el central, general Delfín Rafael Gómez, denunció
ante el Cicpc la clonación de dos cheques que habían
sido anulados y el cobro de uno de ellos por 220 millones
de bolívares, pagado por la agencia de Banfoandes de
Sabaneta de Barinas. El segundo cheque, de 125 millones de
bolívares, estaba en trámites para ser cobrado.
Las investigaciones realizadas por el Cicpc determinaron
que el cheque había sido emitido a favor de la empresa
Yuelma, cuyos accionistas eran Josefa Albarrán y Fren
Luna Santiago. Tal investigación fue incluida en informe
que hiciera la Asamblea Nacional en 2006. Los dos cajeros
de Banfoandes que pagaron el cheque fueron impuestos de auto
de detención pero en reciente sentencia fueron absueltos.
Mientras que de Albarrán y Luna, autores de la estafa,
no se supo nada. Aparentemente su identidad era falsa.
Cabe destacar que quien detectó la clonación de
los cheques e informó a su superior había sido el
designado administrador de los recursos del Caeez, el capitán
Franklin Castillo, uno de los dos militares sentenciados a
7 años de prisión. El otro sentenciado es el mayor
Orlando Herrera Sierralta, quien fuera nombrado encargado
de dirigir las obras y contratación de las empresas para
las obras del Caeez. El general Delfín Gómez Parra
lleva dos años y medio preso y el proceso en su contra
se encuentra paralizado.
Otras irregularidades
El 8 de agosto de 2004, el general Delfín Gómez
Parra fue retirado del comando del 62° regimiento de ingenieros
y asignado al comando de la 22 brigada de Mérida. Pero
a finales de ese mes, antes de que se hiciera la transición
al nuevo cargo, recibió una solicitud de pago para una
nómina de 70 personas por parte del mayor Orlando Herrera
Sierralta. Según relata Delfín Gómez Parra, desconocía
a cuáles obras se refería y esa solicitud de pago
le causó suspicacia, por lo que ordenó una nueva investigación,
esta vez a cargo del coronel Eduardo D'Ascencao Rojas.
Según el testimonio que está en el expediente,
el mayor Orlando Herrera no suministró la documentación
requerida y se dirigió a Caracas, a la Comandancia General
del Ejército, a denunciar que era acosado por su jefe,
el general Delfín Gómez Parra.
La investigación realizada reveló que la nómina
era sólo de 11 personas y habría sido inflada a
70. Tal información quedó plasmada en un informe
que sería remitido posteriormente a la Comandancia del
Ejército. Por este hecho el general Gómez Parra
destituye del cargo al mayor Herrera Sierralta.
Para finales de octubre de 2004, antes de trasladarse definitivamente
a Mérida, el general Gómez recibe otra solicitud
de pago por parte del mayor Orlando Herrera Sierralta, esta
vez a favor de la empresa Viapeca, por una obra de canalización
hecha en los meses de julio y agosto en el caño del Oso.
Tal solicitud de pago fue rechazada por el general Gómez
Parra ya que la misma obra había sido realizada completamente
por el regimiento de ingenieros con personal propio en el
mes de marzo. Según los registros, no existía ningún
contrato que avalara que esa obra la realizara la mencionada
empresa. Posteriormente se determinó que la empresa Viapeca
había recibido 65% de las contrataciones del Caeez y
estaba relacionada con un familiar del mayor Herrera Sierralta.
Pero hay que resaltar que tanto las empresas como las obras
realizadas debían tener el visto bueno de la directiva
del Caezz, vale decir de Antonio Albarrán.
Para el 20 de octubre, mientras está el conflicto por
los pagos de la nómina de 70 obreros que no tenían
respaldo y la obra ficticia ejecutada por Viapeca, el general
Delfín Gómez entrega el comando del 62° regimiento.
Es luego de que Delfín Gómez entrega el comando
cuando se procede al pago irregular a la empresa Viapeca por
una orden de la Comandancia General del Ejército. El
pago fue por más de 600 millones de bolívares, fraccionado
en tres partes.
Cabe destacar que este hecho es uno de los delitos que por
peculado doloso se le atribuyen al general Delfín Gómez
Parra y por el cual permanece detenido.
El 20 de diciembre de 2004, por orden del presidente Chávez,
se le ordenó al general Delfín Gómez entregar
la 22 brigada de infantería de Mérida sin recibir
ninguna información por el sorpresivo cambio. En esa
misma fecha entregó a la Comandancia del Ejército
un informe completo con las irregularidades por él investigadas
en el Caeez. Desde ese momento hasta su detención un
año después, el 10 de marzo de 2006, no hubo respuestas
sobre las irregularidades y el general Gómez Parra estuvo
sin cargo a la orden del Comando General del Ejército.
El informe
El 5 de enero de 2005, el general Delfín Gómez
decidió enviar un informe directamente al presidente Hugo
Chávez para alertarlo de las irregularidades que se estaban
cometiendo en el central azucarero. En él destaca el caso
de la empresa Viapeca, firmas de contratos sin autorización,
pago de nóminas infladas artificialmente, sobreprecios,
etc. Pero en especial, destaca la utilización de los recursos
del Caeez para la construcción de obras distintas a la
central, como lo fue la remodelación y acondicionamiento
de la sede del Comando Maisanta en Barinas.
Durante todo ese año hubo silencio de parte de las autoridades
sobre las denuncias del general Gómez Parra. Pero en
enero de 2006, el presidente Chávez desde su programa
televisivo reconoce que hay irregularidades en el Caeez y
haciendo alusión a la columna de Eleazar Díaz Rangel
cuestiona directamente la gestión del general Delfín
Gómez y expresa que, por él, "fusilaría a los
culpables".
La Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional
asumió una investigación y determinó la responsabilidad
administrativa de los oficiales del 62° regimiento y
de quien fuera el director del Caeez, Antonio Albarrán.
Pero la Justicia sólo tocó a los oficiales militares.
folivares@eluniversal.com
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