CARACAS, domingo 05 de julio, 2009 | Actualizado hace
La violencia en barrio Marihuana está monopolizada por adolescentes. A Jean Baptiste, de apenas 18 años, lo odiaban sus vecinos (Gabriela Pulido)
El aplomado heladero Franklin Baptiste declaró que la muerte de su hijo mayor no pudo provocar mayor congoja en su alma, porque desde que llegó al barrio, hace quince años, aprendió a convivir con otros desventurados que jamás sonríen.
Por ello no se sorprendió cuando la mañana del pasado domingo la muerte tocó su puerta. Sus vecinos del barrio Marihuana, situado en la parte alta del sector Altavista de Catia, lo despertaron para decirle que de ahora en adelante todos podían dormir en paz. A su primogénito lo lincharon y quemaron muy cerca de la quebrada Macayapa.
Baptiste levantó a su esposa, corroboró lo ocurrido y pidió ayuda a la Policía Metropolitana. El circunspecto haitiano, de apenas 33 años, se paró en las escaleras del sector San Nicolás y recordó que llegó a la próspera capital del país petrolero a la edad de 18, junto a su esposa y su hijo Jean, quien estaba a punto de cumplir sus primeros tres años de vida.
Tres años más tarde ya la familia contaba con otros dos hijos. Jean Baptiste comenzaba a estudiar en el Colegio Fe y Alegría de Altavista en Catia, muy cerca del humilde rancho donde todos pernoctaban. Llegaron a Venezuela para huir de la pobreza, pero en Caracas los atrapó la violencia.
Pronto el niño desertó de la escuela formal y se unió al clan. "Ahí todos los muchachos fuman, bueno, casi todos. Por eso le llaman barrio Marihuana", dijo el inspector de la subdelegación Oeste quien llegó al deprimido sector para ordenar el levantamiento del cadáver.
En la actualidad consumen un mortífero coctel: A la marihana añaden crack y un psicotrópico de reciente data conocido como "la letra". El período de abstinencia provoca temblores en los adictos a las drogas y los hace más violentos.
Fiestas memorables
En el barrio cuentan que el hijo del heladero resultó ileso el Día del Padre, cuando sus antiguos compañeros de estudio intentaron matarlo. Voluntariamente decidió abandonar el clan de Carlos y Dany para unirse a la banda de Ramoncito. Sus días parecían estar contados. Sus amigos de la infancia decidieron saquear la casa de sus padres y los vecinos también estaban hartos de sus desatinos.
Lo acusaron de haber violentado a una menor de edad y los choferes de la línea Conductores de Altavista se la habían jurado. Días antes vivió de un fuero especial gracias a su amistad con Dany.
En ocasiones bajaban hasta la estación del Metro de Gato Negro, asaltaban a los pasajeros y regresaban a los callejones de barrio Marihuana. Si resultaban atrapados Dany utilizaba su comodín. Llamaba a su hermano policía. De esta forma todos estaban ungidos con un singular fuero.
Con frecuencia llegaban en taxis de la calle. Nunca pagaban porque los traían secuestrados. El 21 de junio, Día del Padre, asesinaron a dos vecinos que osaron tomarse unos tragos con sus hijos. "Aquí nadie hace fiesta porque no tienen nada que celebrar y si se atreven lo van a lamentar. Por eso dicen que fiesta buena es la que termina con muertos", dijo un trabajador del módulo de Barrio Adentro ubicado frente al contenedor de basura del sector Barrio Loco.
Sin embargo, a Baptiste se le consideraba afortunado, porque a sus 18 años siempre había resultado ileso en las diferentes refriegas. Cuando los detectives del Cicpc comenzaban a buscarlo él lograba ocultarse en un lugar secreto. El hermano de Dany, un policía metropolitano, los "enconchaba" en un edificio invadido situado al frente de la central detectivesca del Cicpc en la avenida Urdaneta.
El pesado humo y el nauseabundo olor de los estupefacientes los delataban y anunciaba que habían regresado. El barrio sólo cuenta con una estrecha calle ciega. La Policía nunca se atreve a incursionar porque quedan atrapados.
Los padres del joven asesinado confesaron a los detectives que con frecuencia los amenazaba de muerte y les colocaba un arma de fuego en la cabeza.
Cacería mortal
Los vecinos contaron que en horas de la madrugada escucharon a personas que corrían por los callejones. "Yo creo que lo corretearon hasta que se cansó y después lo mataron. Todo el mundo estaba cansado de denunciarlo y la Policía no hacía nada. A veces se lo llevaban, lo extorsionaban y a las horas regresaba para seguir echando varilla", dijo Luis Carlos Rondón.
Allí recuerdan a Jean Baptiste como asiduo visitante de los calabozos de la Policía Metropolitana situados en la Zona 2, pero lo dejaban en libertad porque era un menor de edad. Afirman que estaban dormidos y otros sólo aseguran que escucharon gritos, pero nadie logró asomarse a las ventanas. En realidad no desean delatar a los autores del linchamiento.
Pocos se acercaron al humeante cuerpo. Cuentan que tenía días sin llegar a su casa porque sus padres lo rechazaban, sus enemigos lo buscaban y sus vecinos lo detestaban. En lo que va de año se han registrado 14 homicidios en el sector Altavista de Catia y 23 personas han resultado heridas. El pasado año 38 personas fueron ultimadas y 27 resultaron lesionadas.
En el barrio desde ya numerosos chicos comenzaron alabar los calzados de Dany y su singular estilo para empuñar su Pietro Beretta. Con ello sólo esperan congraciarse con el jefe de la banda y hacer méritos para ingresar al cenáculo de los que tienen una corta vida. Esperan ocupar el cargo que hace poco ocupó el haitianito.
Algunos aprenderán a drogarse, robar y ocultarse en las invasiones que a su vez son alimentadas y protegidas por funcionarios policiales.
Los niños y adolescentes del barrio todos los días se ven obligados a tragar el caldo del desinterés y el abandono de hogares desarticulados por la miseria y la violencia.
grodríguez@eluniversal.com
Gustavo Rodríguez
EL UNIVERSAL
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